viernes, 13 de junio de 2014

La vuelta que no fue vuelta


Volvíamos del Machu Picchu y yo me preguntaba que nos deparaba el viaje, que más después de esto?
Volvimos a Cusco después de algunos malos ratos. Sí, obviamente en los viajes también pasan cosas malas, eso lo hace real. A medida que nos adentrábamos en esa ciudad mágica los enojos se iban, la energía que irradia ese lugar, la gente, ese aire nos iban limpiando y recargando para seguir felices.
Volvimos al hostel en donde estábamos y después de charlar un rato nos hicieron el favor de darnos una pieza que valía el doble de los que nos cobraron. Esa noche descansamos bien ya que al otro día nos íbamos a despedir de Cusco para seguir viaje hacia el oeste buscando acercarnos a las costas peruanas.
Al otro día desayunamos tempranito en el hostel. Después nos fuimos al encuentro con Adri, una gran amiga que casualmente estaba en Cusco. Pasamos unas horas caminando por la ciudad y terminamos charlando en un lugar llamado el valle de la luna que queda en las afueras de Cusco. Fueron horas, pero fue muy lindo encontrarnos allá y poder compartir un rato.


Nuestro bus salía a las 20 horas así que pasamos por el hostel a buscar las cosas, fuimos a la terminal de Cusco y de ahí abordamos un bus que nos llevaba a Arequipa. A las 7.30 horas del 17 de enero estábamos en la terminal de Arequipa empezando "la vuelta". Pero la vuelta no era tan vuelta porque nos seguíamos alejando y ni nos imaginábamos todas las vivencias que nos esperaban.
Copio textual lo que escribí en el cuaderno esa mañana:
"Empezamos la vuelta, estamos en Arequipa a 150 kilómetros de las costas del Perú, es decir a 150 kilómetros de conocer el Océano Pacífico!
Son las 7.30 am de un día soleado, hermoso, en Arequipa. Estoy muy feliz! Cuando terminemos de desayunar vamos a ver que hacemos. Sigue el viaje.."


Después de idas y vueltas dudando de que hacer, seguimos rumbo a un ex pueblo portuario llamado Mollendo. Mientras viajábamos nos dimos cuenta de que el paisaje había cambiado, ya no estábamos en los bosques verdosos del Perú, acá solo había desierto y eso nos impactó muchísimo ya que no acostumbrábamos ver zonas tan áridas. La gente vive ahí, en la nada.. Impresionante!


El desierto parecía interminable; bueno, no lo era, de golpe divisamos el mar! Si, era el océano Pacífico, lo conocí y el me conoció a mi. Se podría decir que fue algo así como amor a primera vista. La mar estaba ahí esperándonos, solo teníamos que animarnos a llegar hasta ella.
Llegamos con remeras mangas largas, campera, medias altas y pantalones largos; claro, veníamos de un lugar donde el clima era totalmente diferente. Inmediatamente nos pusimos en modo playa, el viaje mutaba y nosotros nos debíamos adaptar. Recorrimos la ciudad, fuimos al mercado a comprar unas frutas y panes, y nos tiramos en una plaza a almorzar. Todavía nos quedaban unas paltas que habíamos bajado de un árbol volviendo del Machu Picchu así que me animé a hacer guacamole. Descansamos un rato y nos fuimos a ver adonde podríamos pasar la noche, para estas alturas contábamos con muy poco dinero, lo que hacia imposible que nos podamos pagar un hostel. Dimos unas vueltas y se nos ocurrió ir a hablar con el sacerdote de una parroquia, tal vez él se apiadaba de nosotros. Nos dijeron que él no estaba que vengamos más tarde, entonces nos fuimos a caminar a la playa y de paso buscar un plan B en el caso de que el sacerdote no nos ayudara. Ahí fue donde nos encontramos con la playa de Mollendo y toda su demencia.


Volvimos unas horas después a la parroquia, esperamos un poco más y nos atendió el sacerdote. Tuvimos una charla llena de preguntas de todo tipo, hablamos del viaje, de que buscábamos, de que hacíamos de nuestras vidas y nos terminó dando un lugar para dormir a cambio de que limpiemos y ordenemos un sector que se encontraba al lado de la iglesia.
Como venia siendo costumbre el lugar adonde nos alojábamos superaba las expectativas que teníamos. Solo buscábamos un espacio para tirar las bolsas de dormir y poder descansar tranquilos sin miedo a despertarnos sin nada. Estábamos parando en una pieza con baño, teníamos agua, luz, mucho lugar para acomodarnos unos días, estábamos tranquilos y nos sentíamos cómodos ahí.
Al día siguiente estábamos disfrutando de la playa, de la mar, las olas eran muy buenas pero nos dijeron que la gente no acostumbra hacer surf ahí, que desperdicio.


De apoco nos fuimos conociendo mejor con la gente de la parroquia. Conocimos a tres personas muy bondadosas: el padre Edwing era el cura párroco, Luis era el sacerdote primerizo y Javier estaba pintando y arreglando las habitaciones que estaban al lado de donde nos alojábamos. Fueron muy hospitalarios, especialmente el padre Luis quien nos llenó de comida de regalo, nos invitó alfajores de la zona, galletitas y una bolsa de aceitunas negras que elpela disfruto contento. Después de dar una de sus misas el padre Luis nos invitó unos pollos a la braza que estaban exquisitos! Fue lo mejor que nos pudo pasar porque de otra manera no íbamos a poder comer algo así. Estábamos muy felices, si no nos creen solo miren esta imagen:


En esos días conocí los atardeceres del pacífico, más lindos no pueden ser. Nos hicimos un mate con elpela, agarramos los alfajores que nos regalaron y nos fuimos a un mirador a esperar a que el sol se esconda por atrás del mar.



Después de unos días en Mollendo decidimos que el domingo a la mañana nos íbamos. Podríamos habernos quedado muchos días más ahí: estábamos muy cómodos, el lugar era increíble, nos llevábamos muy bien con nuestros anfitriones y ellos no querían que nos vayamos todavía; pero las cosas se daban así y si no seguíamos viaje la vuelta se iba a hacer interminable.
Mientras preparábamos todo para irnos apareció Javier y nos pusimos a charlar por ultima vez -él no quería que nos vayamos ese día e intentaba convencernos de cualquier manera-, cuando me acerqué para darle el abrazo de despedida me dio 20 soles, yo no lo quería aceptar sabiendo que él era una persona muy humilde pero obviamente era imposible rechazarlo, me lo estaba dando de corazón. Fue una despedida llena de emoción, la plata no era lo importante, el gesto era gigante, Javier era un pintor y albañil que quizás ganaba eso ese día trabajando, me contuve para no llorar.. El viaje nos llenó de enseñanzas, aprendimos todo el tiempo, aprendimos de situaciones como estas que se repetían desde el comienzo, de personas como Javier que te daban lo poco que tenían. Demostraciones de amor que seguían apareciendo, hermandad latinoamericana.
 De ahora en más el viaje debía ser casi exclusivamente a dedo. Todavía nos quedaba mucho camino por recorrer, unas cuantas historias por escuchar, lugares que conocer y más momentos de incertidumbre para seguir sintiendo que estábamos vivos, más que nunca!

domingo, 20 de abril de 2014

Los segundos

Dicen que el tiempo es oro, aunque nadie lo ahorra ni lo intercambia por cosas. muy por el contrario hay quien lo asesina y, en lugar de vivir la vida con intensidad, mata el tiempo.
Hay quienes piensan que los días son cortos, y que el tiempo es poco si se lo pasa a gusto. Tal es así, que un día de viaje puede durar un minuto, aunque un día en la cárcel puede durar años. El tiempo, se entiende, es relativo. Existen personas que lo despilfarran y lo usan sin privaciones, y regalan el cambio cuando sobran minutos de a cinco o de a diez.
Matias era un viejo que tenía la teoría de que si se juntaba el tiempo, y se lo ahorraba y se lo usaba bien, este rendía mas y la vida podría así ser más larga. Era por esto que tenía la costumbre de agacharse como a buscar algo del suelo cada vez que veía a un tipo que desperdiciaba los momentos que a él le faltaban.
Todos en el pueblo lo veían agacharse cuando alguien pasaba, pero no sabían por qué lo hacía. Notaban, sí, que hacía esto sólo cuando se topaba con ciertas personas. Y una vez, alguien le preguntó:
- ¿Qué hace, don Matias?
- Junto los segundos que él dejó caer.
- ¿Los segundos, para qué?
- Sí, los segundos. Son valiosísimos, todos los dejan porque piensan que no suman si no vienen de a horas, pero después de todo es de  segundos, como corre el tiempo.




lunes, 10 de febrero de 2014

Machu Picchu: Un mundo escondido, tenazmente vivo

Esa sensación se repetía.. Como describís esto? Sabes que no vas a poder expresar fielmente las experiencias vividas pero igual agarras la birome y empezás..

Salimos de Cusco en un colectivo medio pelo, al cual se le rompe el acelerador en medio del camino montañoso, recibe unos remiendos muy rústicos y eso hace que el viaje hasta Santa María sea de siete horas y pareciera de quince. Nos movemos de Santa María a Santa Teresa en un auto que se amañaba para trepar esas rutas que a esa altura ya eran de tierra, junto a nosotros iban unos viejitos tiernos que esperaban calmar sus dolores en las termas cercanas al río. Llegamos a hidroeléctrica a las ocho de la noche y todavía nos quedaba el camino por las vías del tren.



-Deben subir ese trillo y ahí caminar por las vías, siempre siguiendo el río-
-Cual trillo? el que no se ve?- Me preguntaba..
-Cuidado con el oso de anteojos. No suele atacar personas pero si se lo encuentran no corran porque lo pueden poner nervioso - nos advierten.
-Como que oso!!!?
...
Caminata por las vías, al lado del gran río Vilcanota-Urubamba que baja de lo alto de las montañas con una fuerza que impresiona.
La luna que se asoma por detrás de una montaña e ilumina las vías por un rato (momento mágico).



Avanzamos en silencio, escuchando el rugido del rio..
Llegamos a Aguas Calientes a eso de las diez y media de la noche. Ese lugar, con su vía de tren que lo atraviesa, el rio y las nubes, es una mezcla entre el pueblo de Rivendel de "El señor de los anillos" y obviamente alguna ciudad Inca. ¿Quien diseñó todo eso?¿por qué el río tiene tanta fuerza?



Dormimos y al otro día, a las cinco de la mañana, empezamos a trepar la montaña para llegar a la épica ciudadela del Machu Picchu. 
Mientras subíamos, respirando agitados, pensábamos como sería, que nos generaría conocer a la ciudad Inca que estuvo escondida cuatrocientos años.. Nada de lo que imaginábamos se iba a comparar con lo que nos esperaba: entrar a la ciudadela y ver esas casa imponentes en la vieja montaña, tocar los muros y notar que en partes un alfiler no cabía entre piedra y piedra, sentarnos a contemplar el reloj de sol, fascinarnos con los acueductos, pisar el puente Inca o ver los balcones que habrán sido sus jardines de cultivo, fue algo indescriptible.



Y como imaginar lo que iba a ser subir al Wayna Picchu por las escaleras sin barandas con caída directa al abismo. ¿Cuánta gente se habrá sacrificado para esculpir cada trozo de piedra de la montaña y dar forma a esos escalones infinitos?
Llegamos a la cima y vimos a la ciudadela entre las nubes, en la otra montaña que parecía chiquita desde ahí.



Viendo las edificaciones en medio de las montañas, en el corazón de la selva, pensaba en algo que había leído alguna vez..
Julio Verne escribió que la verdadera superioridad del hombre no reside en dominar, vencer a la naturaleza; reside, para el pensador, en comprenderla, en ubicar al universo inmenso en el microcosmos de su cerebro.

Los Incas eran eso, pensadores, tenían un gran manejo de las matemáticas, la astronomía, la agricultura y ganadería, la arquitectura, las ciencias en general. Sumado a eso eran muy espirituales, tenían una cosmovisión  muy interesante! Comprendieron a la naturaleza y vivían en armonía con ella.
Bajamos al otro lado del Wayna Pichu y fuimos al Templo de la Luna (por suerte pocas personas se animan a aventurarse hasta ahí) almorzamos en el templo y pensábamos en el porque.. ¿Por qué una civilización que pudo crear al Machu Picchu desaparece? ¿Cómo lograron todo eso y cómo lo perdieron?
Los Dioses del Sol y la Luna no quisieron poder contra los españoles, su enfermedad y su pólvora.
Se respiraban aires de dolor, ternura y pasión. Hermoso y terrible.





¿Qué hubiera pasado si las cosas hubieran sido diferentes? Cómo sería nuestra amada América latina si la colonización europea no hubiera tenido éxito? Claramente la vida sería otra.
Terminamos de almorzar y emprendimos el regreso a la ciudadela que estaba en la otra montaña; teníamos que cruzar el Wayna Picchu y volver a la vieja montaña. En el camino nos cruzamos con personas que cuidan el parque, arreglan los senderos y conocen cada rincón; nos encantó ver el amor con el que trabajan en esa selva hermosa.
-Hay siete entradas a la ciudadela, pero no todas se usan ahora. Yo tardé dos años en conocer bien al Machu Picchu, en un día no se puede hacer mucho- nos decía uno de los guarda parques. Tenía razón.

El instinto siempre nos ha llevado a explorar, a querer saber que hay mas allá.. Que es lo que aun no hemos visto; siguiendo ese primitivo instinto, en los primeros años del mil novecientos, unos foráneos descubrieron la ciudad del Machu Picchu. Mas de cien años después nosotros teníamos la suerte de caminar esas montañas y sentir la energía que ese centro espiritual todavía irradia.
El mundo es enorme, somos chiquitos, hay mucho por conocer, por aprender.. Todos los días, desde donde estemos.. La vida es corta para tanto que hacer. Hay que aprender a ser, como fueron y son los pueblos nativos de nuestro gran continente. Su civilización, ahí en el medio de las místicas montañas, sigue viva como la fuerza del rio que lo rodea!
Antes de emprender el descenso le di un ultimo vistazo a ese mundo de otro mundo. ¿Era un sueño? Realmente había estado ahí! En ese momento me daba cuenta y entendía que sí, era un sueño. Era uno de mis sueños y lo había cumplido! Habíamos conocido la cuidad sagrada en el cielo de Pachacutec, concebida para impresionar a los dioses y sobrecoger a los simples mortales.
Queríamos oír esas historias alucinantes de Incas diferentes a cualquier otra raza, no las oímos, las sentimos. Como recorrer esos sitios y no entrar en trance, en éxtasis. Nos fuimos llenos de paz, llenos de asombro, de preguntas y respuestas también.




El viaje fue una constante búsqueda. Esos días nos marcaron. Definitivamente nos encontramos..



viernes, 31 de enero de 2014

La isla del sol: El silencio es el oro de los pobres

El día amaneció con lluvia pero a media mañana, de un momento a otro, paró y se despejó. Conseguimos pasajes para salir a las dos de la tarde en barco desde Copacabana a la Isla del Sol. Desayunamos bien, armamos unos sándwiches para el almuerzo y luego salimos a dar unas vueltas por el pueblo antes de embarcar. Estábamos con tiempo entonces anduvimos tranquilos un rato y llegamos temprano a la parte del puerto de donde salia nuestro barquito. Almorzamos y nos pusimos a averiguar cual de los tantos barcos era el que nos correspondía, por fin nos indicaron que era uno que estaba exactamente frente a nuestras mochilas; agarramos los matetes y nos fuimos al barco. Tuvimos la suerte de subirnos cuando volvía a empezar la lluvia, estábamos resguardados bajo el techo del barco y veíamos como las personas que todavía no sabían adonde embarcar corrían de acá para allá desesperados ya que las lluvias frías que caen sobre el Titicaca no son joda. 
Por fin salimos rumbo a La Isla Del Sol, el lago navegable más alto de mundo se empezó a mostrar, las olas rompía de tanto en tanto contra el barco y los sacudían bastante, lo que no impidió que pegáramos una siesta de casi dos horas en el viaje hasta la parte norte de la isla.
Llegamos y nos pusimos a buscar un lugar donde quedarnos, conseguimos un hospedaje muy lindo con ventana a la playa, lo no tan lindo era que nos cobraban hasta cuando le preguntábamos la hora..
A la tardecita subimos a un cerro a tocar el tambor, cantar un poco y contemplar la caída del son sobre el pueblo de Challapampa. La noche en la playa fue agitada, muchos grupitos con sus guitarras y fogones; nosotros nos tomamos un vinito hablamos un rato y nos fuimos a dormir cuando volvía la lluvia.
Al otro día nos levantamos y fuimos a buscar otro sitio para alojarnos. Conseguimos un lugar hermoso! Se llama hospedaje del Sol y está en una puntita de la isla de donde se puede ver el amanecer y el atardecer! Que mas se puede pedir..
Calentamos agua y salimos a recorrer la isla. Conocimos los imponentes paisajes de la isla y nos asombramos con la inmensidad del Titicaca y sus inagotables azules. 
Sobre un cerro que terminaba en acantilado directo al lago nos pusimos a matear. Hablábamos de mates incomparables: "Comparar un mate acá, en la isla del Dios Inti o un mate sobre el cerro del calvario en Copacabana es como intentar comparar al flaco Spinetta y John Lennon, para que? no se puede.."


Mirábamos la playa de abajo y no podíamos creer los colores que nos mostraba.
Habíamos terminado el mate y sol salió por detrás de una nube para no irse por un rato, en ese momento decidimos que teníamos que bajar a esa playa y debíamos meternos al lago. Sin pensarlo mucho empezamos a bajar el cerro para llegar a esas costas que parecían salir de un sueño. Cuando nos dimos cuenta estábamos en las aguas heladas del lago mas alto del mundo, nadando y temblando. Contentos y emocionados. Fue un momento único, de esos que quedan grabados en el alma. Somos instantes dicen por ahí, bueno, el instante en que me sumergí en esas aguas fui pleno.






Después de nadar un poco empezamos a ver y juntar algunas piedras de las que estaban ahí en la costa, esperándonos para agarrar viaje e irse con nosotros. En un momento a Elpela se le ocurrió que debíamos devolver algo a la isla: "Ella nos da mucho, todos vienen, la disfrutan y se van..". Empezó a limpiar la playa, juntó algunas botellas y las empezó a atar unas a otras. Estuvimos un rato haciendo eso y a la vez disfrutando de la pequeña playa y la enormidad del lago. Luego seguimos caminando hacia el norte de la isla (ya en ese momento con el montón de botellas y plásticos que nos seguían colgados) y así llegamos a la mesa de ceremonias y a la roca sagrada o de los orígenes, que según los relatos fue el lugar de donde salieron Manco Cápac y Mama Ocllo a fundar Cusco y así dar inició al imperio Inca. La historia de nuestra América estaba ahí, latente. En ese lugar se escuchaba el silencio, en una montaña sentada estaba una cholita tejiendo sus lanas, viviendo su vida, al rayo del sol sin que un alma la moleste, tranquila se la veía. Realmente estábamos en un lugar sagrado. Seguimos caminando y llegamos a la Chinkana que es un laberinto de piedra con patios internos y balcones que dan al lago.
Me encantaría saber escribir para poder transmitir fielmente lo que son estos lugares. Creo que algunas imágenes van a valer mas que mil palabras (frases trilladas si las hay, pero muy acertadas).









Volvimos al pueblo, descansamos un rato y nos fuimos a trepar otros cerros para ver el atardecer desde otro punto de la isla. Hicimos una caminata por la noche y divisamos unas montañas que desde donde estábamos, que ya era alto (estábamos a mas de 3800 metros sobre el nivel del mar), parecían altísimas,  llenas de nieve, ellas podrían ser las que alimentan el inmenso lago, las que proporcionan los miles y miles de litro de agua helada, aguas que siguen subiendo su cota a medida que pasan las décadas.

El tercer día en la isla era el de retorno. Debíamos cruzarla de norte a sur con las mochilas y no fue nada fácil: estábamos a mas de 3800 metros sobre el nivel del mar, ahí donde el oxigeno no quieren entrar a los pulmones y debíamos caminar 5 kilómetros con 15 kilos mas sobre las espaldas. Paramos a descansar un par de veces, después de unas horas y con poco aliento llegamos al pueblo del sur y subimos a un barco que en ese momento estaba saliendo. No tuvimos mucho tiempo para despedirnos de la isla, uno de los lugares mas increibles que nos tocó conocer. Fue mejor así porque no nos queríamos ir..




Lago del sol, isla de piedra.
Mar azul de aguas dulces que duerme mas arriba de los sueños de muchos.
De tus aguas de hielo, nacieron ellos,
de tus aguas bebieron para ser.
Quizás en tus aguas haya alguna explicación,
algún indicio, un soplo de razón.
Los que vinieron con la cruz, y bajo ella la ambición,
a imponer lo que creían, a destruir lo que no.



lunes, 20 de enero de 2014

Potosí II: La mina

¿Cómo  me animo a mirarte Cerro Rico?
Si los que vienen aquí entre sudor y polvo dejan su vida.
Tuve que conocer tus entrañas para saber como devoras a los que valiente y tristemente se animan a ti.
Es el sudor y la sangre de los pobres y oprimidos los que te han sacado tus riquezas, obligados. Y solo contra ellos te desquitas.
Cerro maldito estás, por la avaricia del hombre, por ella te has convertido en un asesino. Deberá el hombre saciar su sed de riqueza, para que tu puedas volver a la paz. No pedirás perdón, llorarás con los que te picaron por dentro, con los que murieron esclavos, con los que dejan su vida por una familia que espera el pan. Gritarás justicia con detonante furor, que los responsables de convertirte en sombra de piedra paguen y pidan perdón . Taparás tus heridas y ya no dejarás entrar por tus lados a nadie más. Serás entonces, ejemplo para recordar, motivo para no olvidar que  la ambición del hombre, despierta demonios y conjura al  hombre simple, la peor maldición.



jueves, 16 de enero de 2014

Potosí I: EL TIOS

Las máscaras, que representan diversos rostros del alma colectiva, tienen la posibilidad de llevarnos al umbral del mundo de lo intangible, un mundo mágico, creativo, metafórico e impalpable; están profundamente enraizadas en nuestra naturaleza humana y con una extraordinaria fuerza tanto individual como colectiva.

 

En Sucre nos encontramos con la mascara del Tios de las minas, lo que nos conectó con Potosí, el Cerro Ríco, una mina que lleva siglos abierta.
De sus casas salen persignandose, que los ayude Dios, que no les pase nada.
"Afuera creemos en Dios, que es el salvador, pero adentro de la mina las cosas cambian, es decir, estamos entrando al mundo del satanás, estamos entrando dentro de la tierra". Entonces dentro de la mina deben creer en satanás, el diablo o como les dicen los mineros el Tios.. "Le pedimos un favor a él dentro de la mina, la protección. Creemos en dos partes".
¿Por que Tios?
Cuando llegaron los españoles, los indígenas pensaron que eran dioses mandados del cielo, pero no solo no eran dioses ni venían del cielo, sino que llegaban para hacerles males terribles. Los mandaban a las mitas, eran trabajos forzados (20 hs trabajando y 4 hs de descanso, durante 6 meses sin salir de las minas). Los indígenas no quisieron eso, no querían trabajar mas dentro de las minas, preferían morir, y murieron.. 8 millones de indígenas fueron sacados muertos de las minas potosinas.
Como los aborígenes creen en muchos dioses, los españoles construyeron una estatua (era un hombre con cola y cuernos) y les dijeron que era un Dios que los protegería dentro de la mina si hacían lo que debían, si no trabajaban ese Dios los mataría.
En el alfabeto Quechua no existe la consonante "D", entonces los indígenas a este "Dios de las minas" le decían Tios o Tio.
Gracias a las mascaras las antiguas sociedades pudieron comunicarse con sus deidades. Pero también nos recuerdan que, tristemente, la historia se repite. En las minas de la región andina de Bolivia se siguen buscando oro, plata, plomo, estaño, cobre. Trabajan bajo condiciones infrahumanas: a temperaturas altísimas,  son niños, hombre o ancianos dentro de las minas, día y noche, sin comer ni descansar; la coca es su única compañera..

"En lo profundo del Cerro estabas, en un colchón de hojas de coca, con un cigarro en la boca y con alcohol rociado sobre tu rígida figura de barro y metal. Allá en el agobiante y espeso, polvoroso y ya respirado aire de esa mina, en el silencio del descanso. Cuando se apagó la última linterna y volvió todo a su estado natural, oscuridad. En ese instante, dejaste de ser mito, eras verdad.  Tio de la Montaña, Dios de los Mineros."



Camiri II: El Parapetí y su Mariqueña


Despertamos a media mañana, nos pusimos a desayunar y después a matear. En el hostel no se veía a nadie, claro era 1° de Enero y en la noche anterior hubo farra. Antes del medio día aparece la dueña, se sienta bajo el parral de maracuyá, en el bello patio del hostel, y nos ponemos a charlar. Es una mujer hermosa, debe tener unos 60 años, se llama Maria Eugenia pero todos la conocen como Mariqueña. Nos pregunta como estuvo la tarde en el río Parapetí, le contestamos que fue una tarde excelente, que ese es un lugar soñado. 
-Van a ir hoy otra vez a bañarse al río?- nos pregunta.
Sin pensarlo mucho le dijimos que si y empezamos a prepararnos, aunque no teníamos pensado hacer eso ese día.
Intercambiamos alimentos: le dimos unos panes y tomates y la Mariqueña nos invitó una comida de la zona que era parecida a una polenta con salsa y queso.
-Chicos, yo vivo a la orilla del río, ¿vamos y compartimos el taxi?
Nos miramos con el Pela y contestamos al unisono simplemente -bueno!-
En el viaje hasta el río nos contó que vivió con tribus guaraníes y estaba muy ligada a ellos, aunque Mariqueña al igual que nosotros era una caray (de afuera). Nos dijo que aprendió mucho de los guaraníes, que conoció su vida y adoptó esa filosofía. Por mas que nos haya contado eso y mil historias mas no nos esperábamos llegar a su hogar y que este sea una mezcla de choza y cabaña sin paredes, con un entre piso en donde dormía. Vive en un lugar de película, su casa, sus perros y sus plantas a orillas del río. Claramente vivía así por elección.
La Mariqueña nos acompañó hasta el río y nos dijo que a la tardecita pasemos a visitarla.
-Río arriba hay unas playas estupendas, disfrútenlas chicos, nos vemos!-
-Uh buenísimo, vamos a instalarnos por ahí entonces. Gracias Mariqueña, nos vemos!-


Nunca sentí tanta libertad como en esa tarde en el río Parapetí. Fue la tarde en que volvimos a ser niños. Uno solo sabe el valor de la palabrita libertad cuando la siente en su máxima expresión. El mundo en ese momento era ese río, ese monte, esa arena, los pájaros, pescadores al otro lado que se reían por vernos en calzones jugando con Panqueque (el perro de Mariqueña que nos acompañó a la costa), tocando el tambor o haciendo "esculturas de arena y barro".
Pasamos una tarde soñada y nos encaminamos para lo de Mariqueña cuando el sol bajaba. Y a mi que no se me iba una canción de la cabeza.
-Luis Alberto, cuando escribió este tema tuvo que haber estado acá, pasó por lo de Mariqueña quizás- pensaba..
La letra del tema dice algo así:

Cielo fuerte, con el sol para pescar
y en la selva todo está para morir
y es el río el que sumerge aquí
las semillas de tu corazón...
...
Era tu amor de la mañana
era la flor roja del ceibo
eras el ángel aborigen
perdiéndose en el agua, 
llevándose la vida
como se va la arena...

Antes de que anochezca pasamos por lo de Mariqueña, charlamos un rato y decidimos quedarnos a pasar la noche ahí. Nosotros le cocinamos un reviro y ella nos dio hospedaje. En su hogar no hay corriente eléctrica, así que fue una noche de velas, reviro y música. Noche mística: tambores y quenas que pudimos hacer sonar (María Eugenia ejecuta instrumentos de viento y percusión así que nos entendimos)
Después de hacer música y cenar Mariqueña nos avisó que tenia sueño y se iba a dormir. Nos dijo adonde quedarnos, nos dio una vela, una linterna y hasta mañana.
-¿Negro vamos al río?-
-Vamos si!
...
-Che, no veo nada.. Y el río adonde empieza?
-Pará que no se ni como volver.
-Es por acá... no! por acá!
-Che volvamos nomas-
-Si, vamos a volver..
(Miedo por dos)
-Mejor vamos a hacer una buena fogata acá y listo (refiriéndonos a un descampado dentro del terreno).
Estuvimos un rato ahí nos fuimos a dormir con un poco de miedo.

-Che negro, esta pieza con la vela ahí es muy tenebrosa.
-Lo que pasa es que te acordás de las películas de terror, esas tienen la culpa.
-Pero mirá ese rastrillos!
-Es un rastrillo nomas boludo! (yo intentaba hacerme el superado pero también tenia miedo)
Queríamos vivir unos días como si fuera que habíamos nacido ahí.. Bueno, ahí estábamos, fuera de la zona de confort, con una vela y la noche sin luna que nos mostraba mil estrellas que no habíamos visto nunca.
Tiramos las esterillas y a intentar dormir, que al otro día seguimos viaje...


Mariqueña
Esta niña tiene cabellos blancos
no habla mucho, conversa con la mirada.
Ella vive en esta sociedad pero fuera de ella,
va al mercado a buscar frutas, y al río en la mañana cuando quiere bailar.
Ella dice que la música siempre está, hay que oírla nada más.
Se despierta con el sol , se acuesta con la luna.
Mira los cerros por las paredes de su lugar.
Se viste liviano ¿Para que más?
A trasluz se le notan los años, ese cuerpo apenas puede contener a tan libre mujer.
Esta viajera de otros tiempos, ahí donde la conocimos, ahí se quiere quedar.